Serie Elige amar! - {Grandes regalos}

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Dios tuvo como propósito que la relación matrimonial fuera un reflejo de su relación con nosotros, algo permanente, genuino, verdadero, puro, santo, con compromiso. Una relación no fluctuante, firme y con amor, sin manchas.

Ideó un plan maravilloso con el hombre y la mujer para que ambos lo llevaran a cabo y lo disfrutaran, Pablo hace mención de este plan al hablarles a los efesios sobre los deberes conyugales, «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo.» Efesios 5:31.

En el libro "La batalla de cada mujer y matrimonio", los autores, Shannon y Greg Ethridge,  nos dicen que Pablo en el pasaje anterior no mencionada nada de la felicidad. Nuestra relación representa el compromiso  que Cristo tiene con la iglesia que no consistió en que fuéramos felices, sino que seamos santos. 

En los deberes conyugales que leemos en Efesios 5 del 21 en adelante no leemos claramente sobre felicidad, ni que todo sería perfecto ni que tendríamos finales felices:

“Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo. Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo. Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable. Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo.» 

En este pasaje leemos de sometimiento, de tener un amor que entrega todo al punto de transformar a otra persona, de un amor que ame como se cuidaría así mismo y de respeto.

Todas estas cosas duelen, no se dan tan fácilmente, seamos sinceras, por ejemplo nos cuesta someternos y hacerlo voluntariamente.

Pensemos un momento en algunos regalos que Dios nos ha dado, los cuales por medio de Jesucristo el Señor nos entrega. Los autores del libro que hemos tomado como referencia, nos recuerdan estos regalos, AMOR y ACEPTACION ambos de forma INCONDICIONAL, que no mide como somos, ni como nos comportamos, no mira nuestra naturaleza pecaminosa!

Así como por la entrega de Jesucristo obtuvimos estos regalos, en Su Palabra Dios nos pide que nos entreguemos en amor y aceptación por nuestros esposos y esposas.

Nos pide amar INCONDICIONALMENTE, como Él nos amó. En 1 de Juan 3:16 leemos "En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros."
El pasaje no dice que Él nos amó si nosotros le amábamos, Él nos amó y ya. Así quiere que amemos, no solo cuando yo sienta deseos de hacerlo o cuando la otra persona se lo gane.

Ese amor es lo que Dios busca que suceda en nuestros matrimonios, por eso nos compara con Cristo y su relación con su iglesia, Pablo dice: "...esto es un ministerio profundo..." Efesios 5:32.

Te invito a continuar siguiéndome este mes de Febrero en este especial para matrimonios, Elige amar!

En Cristo,
Yissell