Los Miedos Infantiles II

Aquí está la segunda parte de este interesante artículo sobre los Miedos Infantiles, preparado para nosotros por la Lic. Jeanette Slagt de Gonzalez, MA. Directora de EDAP –Espacio de Acompañamiento Psicoeducativo, ubicado en la calle Capitán Eugenio de Marchena No. 35, Torre Juliana Consuelo, Suit 3B, La Esperilla. Tel. 809-687-7164.

Tomate un tiempito para leerlo!

Yissell. 


¿Cómo puede un padre ayudar a su hijo ansioso?:

Como puede ver existen muchas vías y posibles causas para la ansiedad de un niño. De nada vale preocuparse por estas causas, ya que en la mayoría de los casos, la causa inicial de la ansiedad del niño no son cambiables (por ejemplo sus genes) o están en el pasado (por ejemplo eventos estresantes). Afortunadamente, es posible aprender a manejar la ansiedad sin tener que cambiar la causa original. La respuesta a esto puede ser encontrada observando qué mantiene la ansiedad, es decir, qué hace que continúe la ansiedad aun habiendo pasado la causa o el desencadenante.

Basado en las investigaciones, encontramos que la ansiedad en un niño se mantiene por diversas razones. Esto incluye la manera en que el niño piensa (los niños ansiosos generalmente perciben el mundo como peligroso), cómo enfrenta el niño sus miedos (los niños ansiosos usualmente huyen de situaciones que les producen miedo), y la manera en que el padre y el hijo interactúan (muchos padres aprenden a hacerse cargo de su hijo ansioso). Es posible cambiar y aliviar todos estos factores.

Algunas recomendaciones:

No asustar al niño

Muchos adultos y niños más grandes, tienen por hábito asustar a los pequeños. Ante todo hay que evitar el meter miedo con las cosas que son necesarias, como son la escuela, los maestros, los pastores, el médico y las medicinas.

Deben eliminarse las expresiones amenazadoras como:
¡Si no quieres comer tendré que llevarte al médico, para que te ponga una inyección!
¡Ahí viene el cuco a llevarte!
¡Voy a hablar con tu maestra o pastor para que te meta en cintura!

No imponga cosas que causen intranquilidad o miedo

Muchos adultos son miedosos y escrupulosos e inactivos, porque no se atreven a cometer faltas. De igual modo nunca debemos exigir de los niños una perfección ciento por ciento. Algunos padres e incluso maestros y pastores, exigen demasiado de un niño y son demasiados estrictos cuando castigan las faltas, provocando de esta manera miedo y pérdida de valentía.

Conversaciones tranquilizadoras y guía hacia la realidad

Los niños quedan mucho más calmados, tranquilos y más confiados cuando el padre o la madre tiene una conversación razonada acerca de la situación de miedo. Resulta eficaz el tomarlos al mismo tiempo de la mano y llevarlos a la cosa misma que en su fantasía les ha parecido tan espantoso.  Con eso los objetos de terror se convierten en menos terribles y hasta inofensivos.

Los padres pueden decir: “¡A ver, dame la mano y vamos tú y yo a ver de cerca esa cosa tan terrible!”

Reforzar el sentimiento del propio valer

Hay que tratar de evitar todo aquello que reduzca la autoestima del niño y evitar todos esos tratos que avergüencen posterguen o indiquen desdén.  Por ejemplo, ponerlo en vergüenza delante de sus amigos u otros adultos.

Resulta muy beneficioso unas palabras de reconocimiento, de halago y amable. Estas no deben ser rebuscadas ni falsas. Deben servir para despertar confianza en sí mismo, para aumentar y ayudar a sobreponerse a los obstáculos.

Es muy importante que los padres sean pacientes y que no exalten ni desesperen durante el proceso. Entender el miedo de su hijo y permitirle que aprenda a enfrentarlos lo ayudará a hacer frente los retos que se van presentando a lo largo de toda la vida.