Los miedos infantiles. Parte I

Mi colaborada Licda. Jeanette Slagt de González, MA. Me ha preparado este interesante artículo, el cual he divido en 2. Tómate un tiempito para leerlo.
                                                                
Yissell.

Todos los niños experimentan miedo durante etapas específicas de su vida y esto es una parte normal del proceso de crecimiento.  Por ejemplo, sabemos que los niños pequeños desarrollan un miedo a separarse de sus madres al mismo tiempo que empiezan a tenerle miedo a los extraños y a personas nuevas. 

Un poco más tarde, muchos niños le temen a la oscuridad, y en algún momento, muchos niños comienzan a imaginarse que hay monstruos debajo de sus camas o ladrones en la puerta. Durante los años de la adolescencia la timidez y autoconciencia con frecuencia se convierte en una parte muy común y molesta del desarrollo de la madurez.

Cuando estos temores o miedos surgen son usualmente un proceso normal del desarrollo por la que todos los seres humanos atravesamos. Pero algunas veces estos miedos y preocupaciones pueden alcanzar unos niveles  que se convierten en un verdadero problema para el niño. Estos miedos exagerados son usualmente transitorios y temporales, pero suele angustiar mucho a los padres.  Por otro lado, ciertos niños experimentan los miedos y temores en mayores grados que otros de su misma edad, e incluso otros siguen teniendo miedo hasta mucho después que otros niños de su edad ya lo han superado.

Determinados miedos son entendibles y están basados en causas obvias. Por ejemplo, algunos niños temen ir a la escuela, porque son maltratados; o pueden tener miedo a la oscuridad después de un robo en la casa. Sin embargo, muchos de los temores y miedos que los niños experimentan son mucho más difíciles para que los padres los entiendan.  Por ejemplo, los niños que se preocupan de que se consideran estúpidos, aun cuando le vaya muy bien en la escuela o en otros aspectos de su vida. O los niños que tienen miedo de que su mamá muera en un accidente automovilístico y el que se asegura que su mamá siempre lo recoja a tiempo. Y el niño que se preocupa y se imagina todas las posibles cosas terribles. En ese caso, la ansiedad es una parte de su personalidad, y los padres pueden percibir como su hijo ha sido sensible y muy nervioso durante toda su vida.

Muchos adultos tienen la creencia que la infancia es un periodo sin preocupaciones ni responsabilidades. En realidad la ansiedad es un problema muy común vivido por niños de todas las edades. La ansiedad y el miedo afectan a niños, no importa la edad, el género, su situación socioeconómica, si es  inteligente o no, y abarca desde la infancia hasta la adolescencia.

La ansiedad es un signo real de sufrimiento personal y puede marcar la vida de niños, incidiendo en su rendimiento escolar, interfiriendo con sus amistades y afectando a toda la familia. En algunos casos de ansiedad en la infancia puede ser el comienzo de toda una vida de ansiedad, que en casos muy severos, podría llevar a problemas más graves como son la depresión, uso y abuso de alcohol y drogas, y hasta el suicidio. Sin embargo, es importante que los padres que tengan hijos ansiosos, no se preocupen en exceso, ya que la ansiedad puede ser tratada. Manejar la ansiedad y ayudar a su hijo a desarrollar confianza y control de su vida es lo mismo, no importa qué forma tenga de la ansiedad.
  
 LOS MIEDOS NORMALES:

Los miedos son una parte normal y natural de la vida y forman parte de nuestra evolución como especies. Surgen y se desarrollan en determinados momentos de nuestras vidas: el miedo a los extraños y separarse de su cuidador principal suele aparecer alrededor de los 9 meses. Evidentemente, la edad exacta y la magnitud del miedo puede variar ligeramente de un niño a otro, pero todos los niños pasarán por estos temores y la mayoría surgirán en momentos similares.

A medida que los niños van creciendo, empezarán a mostrar otros tipos de miedos. Miedo a los animales (perros) y a los insectos (arañas), miedo al agua, a la oscuridad y miedo a lo sobrenatural (fantasmas y monstruos) a menudo comienzan a aparecer en los niños pequeños y más adelante.

Alrededor de la infancia media y tardía, los niños comienzan a percatarse  de los otros niños y se harán más conscientes de sí mismos y desarrollarán un fuerte deseo de pertenecer. Estas preocupaciones generalmente se intensifican en los años sucesivos hasta alcanzar su pico en la adolescencia media, época en la que lo más importante del mundo es cómo se ve y qué es lo que otros niños piensan de él.

¿CUÁNDO SE CONVIERTE LA ANSIEDAD EN UN PROBLEMA?

Ahora bien, ¿cuándo deben los padres realmente preocuparse?, ¿cuándo el miedo de su hijo es fuera de lo normal?

En realidad no existe un miedo anormal o fuera de lo normal. TODOS los miedos son normales – algunos son ligeramente más intensos y más prolongados que otros. Incluso aquellos miedos que inicialmente puedan parecer extraños, tales como miedo a los gérmenes, que cause que el niño se lave mucho las manos, puede ser visto como  normal y que llegó a ser extremo.

La mejor manera de pensar es considerar si la ansiedad de su hijo es un problema para él. ¿Interfiere con o causa dificultades a su hijo? Estas dificultades pueden ser muchas y variadas. Por ejemplo,  puede que sencillamente el miedo de su hijo haga que se moleste o se aflija; O hagan que su hijo deje de hacer cosas que antes le agradaban; o pudiera ser que el preocuparse le afecte obtener logros académicos y deportivos.

El punto es que si la ansiedad de su hijo le está afectando negativamente, entonces pudiera considerar en buscarle ayuda profesional a su hijo. La decisión de buscarle ayuda a su hijo dependerá del balance entre cuánto está afectando la ansiedad a su hijo y cuánto esfuerzo usted, su hijo y el resto de la familia están dispuestos a realizar para ayudarlo a superar el miedo. Esta decisión deberá hacerla no sólo usted, sino también el niño.

 MANIFESTACIONES DE LA ANSIEDAD

Cada niño tiene su forma de expresar su ansiedad de manera individual, pero existen algunas similitudes generales que podemos describir.

Cuando un niño padece ansiedad, es probable que note que le afecte de tres formas.

1   La ansiedad se experimenta en los procesos mentales o pensamientos que tiene. Los niños ansiosos tienen pensamientos que giran entorno a algún tipo de peligro o amenaza. Por ejemplo, pueden preocuparse de que pueden ser lastimados, que alguien cercano a ellos pueda ser lastimado, o que se burlen o se rían de él.    
   
2    La ansiedad se experimenta físicamente en el cuerpo. Cuando un niño se siente ansioso, su cuerpo se acelera y se activa más. Los investigadores a menudo se refieren a esto como la respuesta de lucha-huida, porque su propósito es proteger a la persona a prepararse para pelear o huir. La respuesta de lucha-huida incluye cambios tales como frecuencia cardiaca rápida, aumento de la respiración, sudoración y nausea. Por consiguiente, cuando un niño ansioso está preocupado puede quejarse de dolores de estomago, de cabeza, vómitos, diarrea o cansancio. 

       Y probablemente el más importante, la ansiedad afecta la conducta del niño. Cuando un niño está ansioso puede mostrarse inquieto, llorar, aferrarse a alguien o temblar. Además, la ansiedad por lo general involucra algún tipo de evasión. Pueden ser evasiones muy obvias (por ejemplo, sacar la basura en la oscuridad) o puede ser más sutiles (por ejemplo, ayudar con la música la noche completa durante una fiesta para evitar hablar con alguien).

La cantidad de ansiedad experimentada varía en cada niño. Algunos le temen a sólo una o dos cosas. Por ejemplo, un niño puede generalmente ser confiado y extrovertido, pero sencillamente tener miedo a dormirse con la luz apagada. En el extremo opuesto, algunos niños pueden preocuparse por diferentes áreas de la vida y pueden generalmente lucir nerviosos o sensibles. Por ejemplo, un niño puede preocuparse por cualquier situación nueva; miedo a conocer niños nuevos; miedo a los perros, arañas y oscuridad; y miedo que sus padres salgan de noche.

CAUSAS DE ANSIEDAD EN LOS NIÑOS

Entonces, ¿qué causa la ansiedad en los niños? Nadie sabe la respuesta completa a esta pregunta. Pero las investigaciones han identificado una serie de factores que de alguna manera inciden en ello. Algunos de estos factores son:

a    La genética

No hay dudas que la ansiedad se da  en familias. Las personas ansiosas generalmente pueden identificar algún familiar cercano ansioso, y es muy común que por lo menos uno de los padres sea ansioso.  En algunos casos esto envuelve un nivel grave de ansiedad, mientras que en otros puede simplemente ser que uno de los padres tiende a preocuparse un poco más que el promedio. Esto es particularmente el caso de niños con niveles elevados de ansiedad.

Las investigaciones han demostrado que lo que se pasa de un padre a un hijo no es una tendencia específica a ser tímido o miedo a la oscuridad, sino más bien la personalidad que es emocionalmente más sensible que otras personas. Así como una persona varia en su tamaño o color de sus ojos, las personas variaran en como son emocionalmente. Entonces, genéticamente los niños ansiosos tienden a tener una personalidad que es más emocional que el promedio. En el lado positivo, esto significa que probablemente sean más solidarios, amables, honestos y afectuosos. Pero en lo  negativo, esta emocionalidad puede significar que tiendan a preocuparse más, resentirse más, decepcionarse más y ser más temerosos.

b    La reacción de los padres

La manera en cómo los padres reaccionen o manejen a su hijo también juega un papel importante en el desarrollo de la ansiedad. Mientras que cada padre es diferente, parece que algunos padres reaccionan de manera sobreprotectora con su hijo ansioso. Esto es entendible. Cada padre ama a su hijo, de manera que cuando se ve enfrentado a un niño que es miedoso, vulnerable y preocupado, es natural que el padre corra a socorrerlo. Pero, en algunos casos, esta conducta de ayuda se convierte en un patrón muy frecuente. Algunos padres comienzan a anticipar la ansiedad de sus hijos y comienzan a querer ayudar a sus hijos aún cuando no sea necesario. Especialmente en el caso de los padres que también son ansiosos. Cuando este patrón se establece, el niño no se ve forzado a enfrentar sus miedos, y como consecuencia aprenderá a pensar que “el mundo realmente es un lugar peligroso” y  “que yo sólo no lo puedo manejar”.

Algunos padres incluso pueden premiar la conducta ansiosa de su hijo al prestarle demasiada atención cuando esto ocurre. Es importante no alterarse demasiado por la ansiedad de su hijo, y no premiarlo prestándole más atención de lo necesario.

c    Modelaje

No existe duda que los niños imitan a sus padres. Sólo tiene que observar a la niña que sale de la habitación de su madre maquillada, con los tacones y joyas de la madre. Entonces, es razonable esperar que los niños copien las formas de hacer frente al mundo de sus padres. Si un padre es ansioso y su forma de lidiar es evadir situaciones, entonces el niño puede aprender a que esta es la forma de manejar el miedo. Esto no quiere decir que usted es el único responsable de la ansiedad de su hijo, pero si un niño ya tiene la tendencia a ser ansioso y uno de sus padres es ansioso, el niño puede asumir algunas de estas conductas y perjudicándole aún más su naturaleza ansiosa.

d    Factores estresantes:

Si un niño es mordido por un perro, este será cauteloso con los perros durante un período de tiempo. Cuando los padres del niño se separan y se divorcian, este a menudo pierde algo de confianza y se vuelve más sensible durante un tiempo. Estas son respuestas naturales. Si un niño experimenta factores estresantes como estos y ya es sensible y ansioso, entonces, estos tendrán un impacto mucho mayor que lo habitual y puede aumentarle más ansiedad.


Algunos factores estresantes comunes son: la separación de los padres, violencia familiar, muerte de algún ser querido, ser intimidado en la escuela, irle mal en la escuela, enfermarse, y eventualidades específicas (por ejemplo, tener accidente de tránsito,  ser atracado, ser mordido o picado, estar en un incendio). Experiencias como estas pueden contribuir en el desencadenamiento de la ansiedad en algunos niños. 

Por Jeanette Slagt de González, MA.